7.12.12

El fuego de los olvidados


{capítulo anterior} Capítulo 4

Muy temprano, antes del alba, entre sudores y lágrimas despertaba. Miraba con ojos desorbitados al cielo, como si fuera a encontrar la muerte allí arriba. Creía, es más, estaba segura de que la pesadilla había desencadenado un torrente sanguíneo que estaba destrozando sus venas. Sus emociones sucumbían estrepitosamente a un abismo desconocido y extraño. Y desembocaban en un miedo, que hacía que se tapara los ojos.
A través de la pesadilla de la pequeña, al señor de la guerra se le había hundido la mirada, arrastraba desde lo más profundo de su ser tanto odio que el demonio que pervive en su interior, entre su corazón y las costillas, no tardaría mucho en despertar. Y en cuanto despertara, desencadenaría la peor de las guerras, desgarraría sus entrañas y haría un tributo inmemorial a su nombre, muy a pesar de que la muerte le acabara encontrando con una sonrisa desencajada.
Danzarían cañones, bolas de pólvora, caballetes de guerra al son de una rapsodia mortífera. Creada, manipulada y corrompida por todos aquellos presos del miedo. Esclavos de un dueño que no pertenecía a sus cuerpos.
Mientras en lo más profundo del abismo, los fantasmas del pasado, aquellos a los que el señor de la guerra los castigó con una penitencia más larga que un rosario, le mortificaban con susurros y lamentos. Se colaban por entre las piedras de su imponente y cicatero castillo, recorriendo pasillos casi vacíos y oyendo a mujeres gritar desde las entrañas de las habitaciones.

1 comentario:

  1. Me ha encantado Alma. Me gusta mucho ver como depuras tu estilo a cada texto que subes, sigue así. Se nota la mejoría a cada palabra :)
    Un beso enorme.

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