26.12.12

El fuego de los olvidados


{capítulo anterior} Capítulo 5

Con la voz quebrada, los mocos mezclándose con las lágrimas y las manos tapando su cara, la niña inmóvil en el camastro de madera y paja, perdía el sentido del espacio tiempo. Aquel filósofo, su mentor, fue el único que consiguió y supo consolarla. Abrazada a él, suplicándole una explicación de su existencia, no tuvo más remedio que contarle la naturaleza de sus progenitores. 
Detallando cada una de las experiencias pasadas fue desgranando su historia. 
Su padre un antiguo Cruzado, corrompido por la iglesia y traicionado en plena batalla, renegó de todo aquello que pudiera servir de razón a su verdadera lucha. Y amenazó con matar a cada uno de los que le habían traicionado, y de entre ellos se encontraba la madre de la pequeña. La violó, la tapo entre trapos sucios penetrando más allá de lo concebible, preñándola para ser más tarde pisoteada y abandonada, como una perra callejera. Si consiguió sobrevivir fue por la vida que renacía en su vientre. Y el odio más misericordioso traspasó hasta los pequeños vasos sanguíneos de su hija. 
El filosofo le explicó, que su padre abandono a los Cruzados, aquellos que traicionaron a la fe cristiana robándoles hasta la última moneda, llevándoselo todo para crear una nueva orden. Una nueva creencia. Un nuevo futuro, con miras más amplias. Dio el chivatazo a la iglesia, y así fue como los eclesiásticos perdieron a su brazo armado. A sus caballeros blancos. 
En referencia a su madre, la historia era muy distinta.

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