25.3.12

Noviembre

Aquellas tardes de domingo solía gastarlas con largos paseos y mientras el sol caía suavemente en el horizonte sus pasos se fundían entre los rayos naranjas y las sombras violetas y parecía que el mundo no se detenía bajo sus pies, sino que corría de la misma manera que una bandada de palomas.

Esas tardes de domingo, de color rosado anaranjado, sonaban a un jazz ambiguo y las notas se sumergían y emergían como algas marinas dispuestas a dejar rastro en su alma.
En esas tardes de domingo su olfato, distinguía a lo lejos chimeneas encendidas y era en ese momento cuando vislumbraba en su mente la escena de una familia rodeando el fuego, mirando como se van quemando las ascuas y calentándose las manos con el calor de la chimenea. Imagina sus risas, sus miradas y hasta los susurros que pudieran dirigirse entre respiraciones entrecortadas.
Y en ese momento, tan tenue, tan fugaz en la mente de Víctor, se creaba un vacío en su estómago. Le hacía recordar que su vida estaba siendo invadida por un fantasma omnívoro y por culpa de ese fantasma, cada uno de sus sentimientos y recuerdos no contenían amor o dolor alguno.

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